PROTOCOLOS PARA EL DIAGNÓSTICO DE FRACTURAS FACIALES
DOI:
https://doi.org/10.56238/isevmjv5n2-033Palabras clave:
Traumatismo Maxilofacial, Fracturas Faciales, Tomografía Computarizada, Mandíbula Atrófica, Protocolos DiagnósticosResumen
El traumatismo maxilofacial es una lesión muy común, que representa aproximadamente el 30 % de los ingresos en urgencias, lo que requiere protocolos diagnósticos rápidos e interdisciplinarios sin comprometer la precisión. Ghanaati (2022) analiza cómo un enfoque sistemático en la exploración inicial puede evitar la pérdida de tiempo con herramientas diagnósticas innecesarias, optimizando el flujo asistencial. Es fundamental que el protocolo priorice la estabilización sistémica del paciente antes de cualquier maniobra dirigida a las lesiones faciales, como señala Rittri (2024), quien también enfatiza la necesidad de una exploración detallada de la función del nervio facial y la integridad de la glándula parótida en casos de laceraciones profundas o amputaciones. Según Boljevic (2023), en la exploración clínica, signos como la maloclusión dental, la parestesia (principalmente en el nervio infraorbitario), la asimetría facial y la limitación de la apertura bucal (trismo) se consideran indicadores patognomónicos que deben orientar la sospecha clínica inicial. La tomografía computarizada (TC) de alta resolución es, sin duda, el método de referencia en imagenología para un diagnóstico definitivo. Ante casos complejos de mandíbulas atróficas, Cienfuegos (2023) destaca la importancia de realizar tomografías computarizadas con cortes de 1 mm para un estudio exhaustivo de la densidad del hueso esponjoso y la altura mandibular. Esto permite aplicar la Clasificación de Luhr (Clases I a III) como guía para determinar la necesidad de injertos óseos y la elección del sistema de fijación. En cuanto a las lesiones deportivas, Shreya (2022) señala que, si bien se registran fracturas mandibulares, las lesiones de tejidos blandos y los traumatismos dentales, como avulsiones y fracturas de esmalte, son más frecuentes, lo que requiere protocolos específicos para la preservación dental. Finalmente, según la evidencia citada por Boljevic (2023), la intervención diagnóstica y terapéutica idealmente debería realizarse dentro de los dos o tres primeros días posteriores al traumatismo para evitar complicaciones como infecciones y consolidaciones viciosas, asegurando así una rápida recuperación funcional del paciente.
Referencias
BOLJEVIC, T. et al. Complications in patients with facial bone fractures before and after conservative and surgical treatment, their comparison and correlation with different factors. European Review for Medical and Pharmacological Sciences, v. 27, p. 11073-11081, 2023.
CIENFUEGOS, R. Tratamiento de fracturas en mandíbula atrófica. Cirugía y Cirujanos, v. 88, n. 2, p. 240-247, 2020.
GHANAATI, S. Focus on craniomaxillofacial injuries in trauma patients. European Journal of Trauma and Emergency Surgery, v. 48, p. 2511-2512, 2022.
RITTRI, S. Akut replantation efter amputationsskador i ansiktet. Läkartidningen, v. 122, p. 2025, 2025.
SHREYA, S. et al. Sports-related facial trauma in the Indian population - A systematic review. Journal of Oral and Maxillofacial Surgery, 2019.
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Derechos de autor 2026 Victor Oliveira de Andrade, Murilo de Lorenzo, Elisa Bertrand Melo Veras, João Decezaro Boeira, Walbert Gomes Alves, Marina Paraluppi, Ana Cláudia do Nascimento Menezes

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